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martes, 22 de abril de 2014

Efecto Sombra

la sombra no es mas que las proyecciones que tenemos en el lado oscuro de nuestras identidades. saber sanar es entender que aceptar, entender, empatizar no es un camino, es el camino. dejemos de criticar y pasemos a entender, no solo las conductas de los demás que nos desagradan sino también porque estas nos desagradan, abriendo tu mente a la reflexión de este asunto encontraras que eso que te molestaba en los demás eras tu mismo que debías sanar


¿Qué es exactamente proyectar la sombra sobre el prójimo? 

Una historia de proyección 
He aquí una historia real que permitirá comprender mejor el fenómeno de la proyección de la sombra sobre el prójimo. Por razones de discreción, los nombres de las personas de esta historia han sido modificados. 
Adrián, profesor de universidad, no deja escapar ocasión de denunciar la incompetencia de su colega Jorge, tanto en materia de enseñanza como de investigación. Está al acecho de todos los cotilleos sobre este tema. Se complace en contar las relaciones penosas de Jorge con sus estudiantes. Escruta con lupa sus escritos para encontrar errores, aunque no sean más que simples faltas de ortografía. De hecho, el propio Adrián se sorprende del ardor con que denigra a su colega. 
A veces, Adrián es consciente de que sus comentarios descorteses crean un malestar en los otros profesores. Se asombra de su ceguera. No logra comprender que no vean las debilidades profesionales de Jorge, que para él son una evidencia. A veces llega a sospechar que hay una cierta complicidad entre ellos y Jorge. 

Adrián no es consciente de su propio miedo a ser tachado de incompetente. El mero pensamiento de ser incapaz de alcanzar los niveles de la profesión aumenta su angustia. Le incita a hacer de Jorge un chivo expiatorio. Por eso, al dirigir la mirada a los fallos de Jorge, tiene la impresión de que se libera de su propia ansiedad y de que hace olvidar los suyos. 
El deseo de Adrián de asegurarse una reputación de excelente profesor le impide ver sus propias debilidades de orden profesional. En lo más profundo de su inconsciente, ha rechazado incluso el pensamiento de que su trabajo podría presentar lagunas. Siente la urgente necesidad de denunciar en su colega lo que tiene escondido en su sombra. 
Jorge, por su parte, no puede evitar sentir hacia Adrián un profundo desprecio por su rigidez en el trabajo y su falta de humanidad. En efecto, es raro que una proyección sea en sentido único. Adrián y Jorge se ven arrastrados por un movimiento de denigración mutua. Se parecen a dos cangrejos en un cesto que ya no pueden evitar agarrarse en un abrazo hostil. 

Teoría de la proyección 
La proyección es un fenómeno a la vez psicológico y espiritual. Consciente del espacio que podría exigir un estudio profundo de esta cuestión, me limitaré aquí a exponer la concepción jungiana. Marie-Louise von Franz, una célebre discípula de Carl Jung, la define, siguiendo a su maestro, como «una transferencia inconsciente, es decir, no percibida e involuntaria, de elementos psíquicos subjetivos rechazados sobre un objeto exterior». Dicho de otra manera, la proyección consiste en ver, oír y sentir, por reverberación sobre el exterior, las emociones, las cualidadesylos rasgos que han sido rechazados en uno mismo. Se produce entonces un desplazamiento del material psíquico «de dentro» de sí «hacia fuera» de uno mismo. 
El psicoanálisis ve en la proyección una defensa primaria del yo consciente contra los desbordamientos posibles del inconsciente. Sostiene que todo lo que es inaceptable para el yo consciente será reencontrado tarde o temprano fuera de uno mismo, desplegado sobre los objetos, los animales o las personas. 
Von Franz precisa que el «proyector» —el autor de la proyección— es casi siempre inconsciente de su acto de proyectar sobre el prójimo y de sus proyecciones. De lo único que es consciente es de que está bajo la influencia de un sentimiento intrigante, cuyo objeto puede ser fascinante o repulsivo. Experimenta atracción si las cualidades o los rasgos de carácter proyectados son considerados como deseables para él: experimenta repulsión si estas cualidades o rasgos proyectados son turbadores o amenazantes para él. Por consiguiente, tenderá, o bien a idealizar a la persona en el primer caso, o bien a despreciarla en el segundo. En los dos casos, la apreciación del «proyector» será falsa, porque será desproporcionada con respecto a lo real. En una palabra, creerá estar en relación con una realidad exterior a sí mismo cuando la vive en su propio inconsciente. 

Proyecciones de la sombra en el amor pasional 
El amor pasional ofrece un terreno fértil en proyecciones. La persona amada que sirve de «soporte simbólico» de la proyección se encuentra investida de un aspecto fascinante. Si el amor es recíproco, hay proyección mutua. En efecto, el amor pasional se nutre de la proyección mutua de la sombra blanca de los cónyuges. 

En la fase de atracción, el enamorado ve en su amada la encarnación de cualidades que él desearía poseer, pero cuya adquisición ha sido arrojada a la sombra. Por eso, uniéndose… 

…a ella, siente que recupera por su propia cuenta las cualidades deseadas que él mismo ha ocultado. Alguien escribió con humor que es más fácil casarse con una persona provista de las cualidades que se desea poseer que afanarse por adquirirlas. El amante tranquilo, afectuoso, ahorrador y bohemio tenderá, por lo tanto, a enamorarse de una mujer dinámica, distante, generosa y perseverante. En el amor pasional, los contrarios se atraen. 

Pero, una vez que se enfría la pasión, sobreviene un cambio brusco de la situación. Porque en el amor pasional la fascinación es versátil. Con el desgaste cotidiano, la atracción llega incluso a transformarse insensiblemente en repulsión. No es la personalidad del amante lo que ha cambiado, sino la fascinación primera, que se transformó en espanto. En efecto, con la disminución de la atracción sexual, los viejos miedos, alimentados por la sombra, vuelven a la superficie. Se vuelve al punto de partida, es decir, al momento en que se arrojó a la sombra todo cuanto habría podido ser causa de rechazo social. 

En la pareja, lo que fascinaba al comienzo de la relación se convierte en una birria. El esposo tiene entonces la impresión de que la esposa ideal del tiempo del enamoramiento ha cambiado completamente: de «dinámica», se ha metamorfoseado en «histérica»; de «reservada», en «una nevera»; de «generosa», en «calculadora»; de «perseverante», en una «testaruda». Y la esposa vive el mismo drama; ve que su cónyuge se ha transformado: de «tranquilo», en «aburrido»; de «afectuoso», en «maníaco sexual»; de «ahorrador», en «avaricioso»; de «bohemio», en «infiel». Las razones por las que se habían casado se han convertido en motivos de separación. 

A los cónyuges no les resulta fácil salir del callejón sin salida creado por la proyección mutua de su sombra, aun cuando al principio les pareciera beneficiosa. Para salvar su pareja no tendrán más opción que dejar de culparse el uno al otro, reapropiarse de su sombra respectiva y volver a construir una nueva relación basada en el respeto mutuo de… 

…su personalidad. Éste es el principal desafío que todos los cónyuges tendrán que aceptar, un día u otro, si desean crecer y hacer crecer su unión. 

La fascinación, una característica 
de la proyección de la sombra 


Durante una conferencia sobre la sombra, un oyente me preguntó: «Según su teoría, la observación de un defecto o de un fallo en otra persona no sería más que el fruto de una proyección». Esta pregunta me proporcionó la ocasión para señalar la importante distinción entre una observación objetiva y una observación deformada por una proyección de la sombra, que se puede calificar de subjetiva. 

Se puede observar en alguien descortesías o torpezas sin sentirse tocado o afectado por ellas. En tal caso, se trata de una observación objetiva. Si, por otra parte, las descortesías o las torpezas de ese individuo «ponen a uno nervioso» y lo trastornan hasta el punto de inspirar repugnancia o incluso miedo, hay motivos para creer que se ha hecho la proyección sobre el individuo en cuestión. Se han exagerado o aumentado sus descortesías o torpezas. Se ha percibido en él algo que, durante toda la vida, no se había querido reconocer en uno mismo y que uno se ha esforzado por arrojar al inconsciente. 

Ocurre lo mismo con los prejuicios. Si una persona tiende a atribuir, sin razón, intenciones malas a alguien, o peor aún, a sospechar de él sin motivo válido, es evidente que está reflejando sobre él una parte secreta de sí misma que se ha esforzado por negar hasta entonces. 

El efecto nocivo de la proyección 


El pensador y poeta Robert Bly afirmaba, durante una conferencia, que cuando alguien es objeto de una proyección, la integridad de su persona (e incluso su vida) corre un peligro real. Efectivamente, corre el riesgo, en el caso de la fascinación, de ser adulado hasta el punto de hacerse ilusiones sobre sí mismo o en el caso de la repulsión, de convertirse en el chivo expiatorio que hay que perseguir. ¿No es testigo la historia de proyecciones colectivas que fueron la causa de crímenes atroces, de persecuciones crueles y de guerras? Pensemos solamente en la caza de brujas: miles de mujeres perecieron en la hoguera por haber sido sospechosas de estar en connivencia con fuerzas oscuras. 
Aunque sean menos espectaculares, los efectos de las proyecciones corrientes, incluso las positivas, no son menos perniciosos. Marie-Louise von Franz las compara a «proyectiles». Cualquiera que tenga la desgracia de estar en el blanco se sentirá después más vulnerable y tenderá más a dudar de sí mismo. 

«Cuando se proyectan sobre nosotros cualidades positivas o negativas, ello engendra con frecuencia en nosotros un cierto sentimiento de incertidumbre concerniente a nuestro yo. Ya no sabemos si estos rasgos de carácter son o no verdaderamente los nuestros, ya sean buenos u odiosos, sobre todo casi siempre que existe un “gancho” en el que la proyección ha podido “engancharse”». 

El «gancho» del que habla Von Franz significa que, en toda proyección el portador de ésta posee uno o dos rasgos que permiten a la proyección «engancharse». Por ejemplo, si uno proyecta sobre alguien su agresividad, es que la personamanifiesta ya algunos rasgos de agresividad. 

Se reconoce cada vez más la existencia de tales efectos perjudiciales en las relaciones padres-hijos o terapeuta- cliente. Aunque sería interesante tratar aquí la influencia de la sombra parental sobre el inconsciente del hijo, así como también abordar la transferencia y la contra-transferencia, que son moneda corriente en terapia, me abstendré de hacerlo, porque ese estudio rebasaría el objetivo que pretende la presente obra. 

La proyección y la creación de enemigos 
Las palabras de Jesús relativas al amor a los enemigos son algunas de las más asombrosas de los evangelios: «Habéis oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen». De entrada, semejante prescripción repele y parece poco razonable. ¿Nos pedirá Jesús que nos traicionemos a nosotros mismos, incluso que nos comportemos como masoquistas? 
Pero, si reflexionamos, el amor a los enemigos parecerá más razonable a quien tenga en cuenta el hecho de que muy a menudo nos fabricamos nuestros propios enemigos haciendo que lleven el peso de nuestra sombra. El día en que los individuos y las colectividades tomen conciencia de esto y aprendan a reapropiarse de sus proyecciones, se encontrarán enriquecidos y descubrirán en los otros no a unos «enemigos», sino más bien a unos «vecinos»… y tenderán menos a declararles la guerra. Pero mientras no se apliquen a trabajar en ello, podrán contar con ser víctimas de sus propias proyecciones, como muestra este proverbio hindú: «Elige bien a tus enemigos, porque en poco tiempo serás como ellos». 

B. La «reapropiación» de las proyecciones de la sombra 

¿Es posible «curarse»de las proyecciones que se mantienen sobre el prójimo? La sombra, por definición, es una realidad evanescente; por naturaleza, escapa a las tomas de conciencia directas más sensibles. En cambio, la fascinación o la repulsión que la acompañan son constantes y permanentes. A través de ellas, se tienen buenas oportunidades de descubrir los movimientos de la sombra y sus significados. Dando un rodeo en torno a ellas, es posible «curarse» de las… 

…proyecciones reconociendo su presencia en uno mismo y recuperándolas. 

A través de cuatro tipos de proyección, describiré las cinco etapas habituales de reapropiación de la sombra. 

Primera etapa: 

hacer la proyección de una forma inconsciente 



He aquí cuatro personajes en plena situación de proyección sobre el prójimo. 
1. Christian fue criado en un hogar en el que debían reinar a cualquier precio la paz y la tranquilidad. Su madre y su padre nunca le dejaron expresar ni el más pequeño arrebato de cólera. Había adquirido la reputación de ser un «muchacho dulce y bueno». Como cabía esperar, escogió como esposa a una mujer más bien combativa y dominadora. Actualmente, su matrimonio no marcha bien. Acusa a su mujer de ser una «bruja furiosa». Por su parte, su mujer le reprocha que es un «blando» e incluso un «cobarde». 
2. Isabelle, una joven soltera de treinta años, ha encontrado finalmente un grupo religioso acogedor, donde ve colmadas sus aspiraciones espirituales. Ha puesto toda su confianza en el gurú, que demuestra evidentes talentos carismáticos para predicar y propone a sus adeptos ejercicios espirituales que les permiten desarrollarse plenamente. 
3. Gérard se ha construido una reputación de trabajador encarnizado. Se ha asociado con un viejo conocido para fundar una nueva compañía. Ahora bien, cuanto más duramente «se mata» para hacer progresar la empresa, más tiene la impresión de que su socio no hace nada. Este último se toma numerosos días libres para satisfacer su pasión por el golf. Cuando aparece por la oficina, suele ser para charlar con los empleados y hacerles per … 

…der el tiempo. Gérard está harto. Ya no puede soportar a su «holgazán» socio. 

4. Gertrude, una hermosísima mujer de apariencia frágil, se casó con el hombre que podía asegurarle una cómoda situación económica y prodigarle consejos paternales. Después de algunos años de matrimonio, ha dejado de ver en su cónyuge al padre protector del principio. Ahora, no ve en él más que a un ser pesadísimo que le recuerda la dominación de su propio padre. 

Estos cuatro casos presentan a personas que se convirtieron en víctimas de la proyección de su sombra. El primero entregó a su mujer todo lo que podía quedarle de combatividad; en el segundo caso, Isabelle vio en su gurú la plena realización espiritual de sí misma; el tercero, Gérard, dejó a su socio el cuidado de satisfacer su necesidad de descansar; y, finalmente, Gertrude renunció a su autonomía económica y psicológica para proyectarla sobre su marido. 

Estas personas viven una situación difícil y agotadora. Se sienten a merced de otra persona que, al parecer, les impide vivir. ¿Cómo podrán recuperar las riquezas que guarda su sombra? ¿Está la solución en la separación y la huida? La experiencia ha probado que, si estas personas se divorciaran o se separaran, encontrarían en su camino otros cónyuges parecidos al primero. 

Segunda etapa: 
reajustar la máscara fabricada por la proyección 

Proyectar la sombra sobre alguien equivale a ponerle una máscara sobre el rostro y a actuar después en consecuencia. El personaje creado de esta manera fascina o repele, según el caso. La máscara que se creía perfectamente ajustada a la personalidad del otro no lo está siempre y amenaza con caerse. El prejuicio favorable o desfavorable con que se había vestido al otro al comienzo no se corresponde siempre con los comportamientos reales de la persona portadora de la proyección. 

Así, Christian constata en su mujer la presencia de impulsos ocasionales de ternura y amabilidad, lo que viene a alterar la imagen que se había hecho de ella. Parece que no siempre es la «bruja furiosa» que creía percibir en ella. 
Isabelle, a pesar de su total devoción por su gurú, se asombra al descubrir que se «acuesta» regularmente con sus más bellas discípulas. Además, no entiende que un hombre que goza de una reputación de santidad tan grande acepte como regalos coches caros que ni siquiera utiliza. 

Gérard está también muy sorprendido de ver a veces a su perezoso socio interesarse en los asuntos de la compañía y llevar a cabo, si se tercia, una buena cantidad de trabajo. 

Gertrude se asombra de que su marido no sea siempre el tirano que creía haber encontrado en él, pues algunas veces se muestra más bien dulce y conciliador. 

El «proyector» comienza entonces a preguntarse si sus prejuicios estarán bien fundados. Estos momentos de duda podrían ser para él la ocasión de reconocer su proyección y corregir su falsa percepción del otro. Por desgracia, estos fenómenos se resisten, en general, a desaparecer. 

Tercera etapa: justificar el juicio excesivo sobre el otro, a fin de mantener la proyección 

No es fácil deshacerse de las proyecciones. Incluso en los momentos de duda, uno intenta convencerse, contra toda evidencia, de que el otro es corno se le había «juzgado» la primera vez. 
Christian, el marido «buen muchacho», verifica la tolerancia de su mujer multiplicando, sin advertirlo, sus retrasos después del trabajo. Otras veces, olvida (¿voluntariamente?) algún aniversario importante. Entonces su mujer se encoleriza por sus negligencias o sus olvidos. Estas crisis de agresividad vienen a confirmar la idea que Christian se hacía de ella corno una «bruja» siempre enfurecida. 

Deseando saber la verdad en torno sobre las «originalidades» del gurú, Isabelle compara sus predicaciones con sus extravíos sexuales y su lujo extravagante. Él, manteniendo la calma, explica a Isabelle que, una vez alcanzado un cierto grado de renuncia, uno disfruta de toda la libertad para «amar» a todo el mundo y aprovechar las riquezas de la creación. Isabelle, algo satisfecha con la explicación, se afana en continuar creyendo en la santidad de su gurú. 

Para comprobar si su socio es verdaderamente perezoso, Gérard redobla los esfuerzos por vigilarlo, con el secreto deseo de sorprenderlo perdiendo el tiempo. Y, de hecho, consigue a veces pillarlo en falta. No necesita más para convencerse de que su socio es un perezoso empedernido. 

Gertrude, turbada por las actitudes bondadosas de su marido, acude a escuchar un discurso feminista que demuestra que, desde la noche de los tiempos, todos los varones sonperfectos patriarcas dominadores y falócratas. Vuelve de la conferencia convencida de que incluso las amabilidades de los hombres no son en verdad más que maniobras disimuladas para establecer mejor su dominación sobre las mujeres. 

Para no ceder en su proyección y para evitar tener que medirse de pronto con la realidad de su sombra, el «proyector» está dispuesto a recurrir a argumentos falsos para justificar sus juicios condenatorios. 
Cuarta etapa: sentirse despojado y disminuido por la situación creada por la proyección 

Si el «proyector» se empeña en mantener a todacosta las proyecciones de su sombra sobre el otro, no tardará, después de un cierto tiempo, en sentirse de repente despojado, disminuido y menoscabado en su ser. Es fácil imaginar la enorme suma de energía psíquica que ha debido de conllevar… 

…el hecho de dejarse tambalear por un objeto que se hace alternativamente atractivo y repelente. 

El «proyector» se sentirá menguado por dos razones. Primero, tendrá la impresión de estar privado de las cualidades que ha proyectado sobre el prójimo, lo que no ocurrirá sin causarle un estrés crónico. Después se sentirá atormentado por sus proyecciones, como si su propia energía psíquica se volviese contra él. En otras palabras, terminará por darse miedo a sí mismo. 
Volvamos a ver los cuatro casos de proyección descritos anteriormente. Examinemos los efectos desastrosos que tendrán sobre cada uno sus propias proyecciones. 
Christian, el buen muchacho que ha dejado en manos de su esposa toda su combatividad, se defiende mal de ella o de cualquier otra persona con la que entra en conflicto. Siente que es «un perro apaleado». 
Gérard, que proyecta sobre su socio su capacidad de descansar y tomarse ratos libres, roza a menudo el agotamiento profesional. 
A pesar de las explicaciones de su gurú, Isabelle continúa sintiéndose angustiada ante los comportamientos de éste. Se siente cada vez más confusa y cae en la sequedad espiritual. 
Gertrude continúa creyéndose víctima de su marido. Pierde más confianza en sí misma y se siente aún más dependiente de su marido en el momento en que lo odia más. 
Quien intente mantener la proyección de su sombra sobre el prójimo se deslizará, poco a poco, hacia el agotamiento psíquico y la depresión psicológica. Se sentirá despojado, disminuido y empobrecido en todos los planos. Por consiguiente, vivirá a la defensiva, tendrá miedo a correr riesgos, tenderá a compararse con los demás y se considerará inferior. Finalmente, tenderá a culparse de no hacer nada y, sobre todo, de no servir para nada. 
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Quinta etapa: 
asumir la responsabilidad de la sombra 
La depresión conduce con frecuencia al «proyector» a tornar conciencia de la situación patológica en que se encuentra y a pedir ayuda, con el fin de salir de ella. En este sentido, ofrece la ocasión de reapropiarse de sus proyecciones y de construir de este modo una autoestima real que permite al fin a la persona afirmarse sanamente. 
¿Cuál sería el final feliz de la historia de los cuatro personajes cuya evolución hemos seguido hasta aquí? 
Primeramente, liaría falta que Christian dejase de temer su combatividad y tomase conciencia de su poder de afirmación. Aprendería a conciliar dulzura y agresividad. Así abandonaría su pesada reputación de «buen muchacho» y se revelaría que es un compañero más interesante para su esposa. 
Isabelle, cansada de las extravagancias de su gurú, dejaría la secta y aceptaría que un especialista la «desprogramara», Después procuraría descubrir lo que alimentó su vida espiritual en el pasado. 
Gérard, por su parle, deberá aprender de su socio a dejar de tomarse la vida tan en serio y a descansar. La calidad de su vida y de su trabajo mejorará mucho. 
Gertrude, final mente, en lugar de agotarse recriminando 
a su marido, reconocería en sí misma la presencia de las 
cualidades masculinas de coraje, iniciativa y fuerza. Se 
reconciliaría así con todo el potencial de su lado masculino 
y dejaría de rivalizar con su marido, sintiéndose en adelante igual a él. 
Un proverbio alemán afirma que «no se puede saltar por encima de la sombra», es decir, deshacerse de ella. Cuando se intenta eliminarla de la vida, vuelve a imponer su presencia con fuerza y espíritu de venganza; y lo hace de diversas maneras: ansiedad, sentimiento de culpabilidad, miedo y depresión. En resumen, recordemos el dicho evangélico que encuentra aquí toda su aplicación: «Todo reino dividido internamente acaba en la ruina». 

Conclusión: 
Jesucristo denuncia las proyecciones malsanas 
El propio Jesús denunció algo que podemos comprender actualmente como el carácter nocivo de las proyecciones de la sombra. El aborrecía los prejuicios malévolos contra el prójimo. A este respecto, tuvo palabras que mantienen siempre su actualidad: “Cómo es que ves la paja en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo? ¿Y cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja del ojo”, cuando no ves la viga que hay en el tuyo’? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano!». De este modo, Jesús expresa a su manera lo que procurábamos demostrar en este capítulo: antes de juzgar a los demás creyendo que así los ayudamos, es necesario pensar en trabajar en sí mismo y aprender a recuperar las proyecciones de la propia sombra. 
Jesús denuncia las proyecciones malvadas, porque conoce los efectos sobre la persona que es objeto de ellas. Y lo hace especialmente en el episodio de la mujer adúltera, acusada por un grupo de hombres. Acababa de ser sorprendida en flagrante delito de adulterio. Los hombres que la llevaban hacían de ella un chivo expiatorio al que cargaban con sus propias faltas sexuales. Con una frase lapidaria, Jesús invierte la situación, los interpela, les hace tomar conciencia de su proyección y les invita a asumir la responsabilidad de sus propias faltas: «Cualquiera de vosotros que no tenga pecado, que tire la primera piedra». 
La denuncia de las proyecciones malévolas sobre los demás no carece de peligros, pues puede atraer sobre el que denuncia la cólera de las personas acusadas. La suerte que Jesús debía sufrir lo ilustra bien. 


Estrategias para reconocer la sombra  
Segunda forma de reconocer la sombra: 

analizar los sueños 

Si Jung fue el primero en utilizar el término «sombra» para designar al siniestro personaje que viene a frecuentar los sueños, el psicoanálisis freudiano había demostrado previamente que el sueño era el lugar privilegiado del encuentro con la sombra. En efecto, atribuyó al sueño una función compensatoria de los comportamientos sociales. El inconsciente se permite así expresar sin moderación todo lo que se reprime en la sociedad por educación o por restricción mental. 

Según Jung, la sombra que habita los sueños reviste, en general. la forma de un personaje del mismo sexo que el soñador y que hace alarde de un aspecto siniestro, amenazante, repugnante u hostil. Es con frecuencia feo, achacoso o deforme. A veces, la sombra adopta la figura de un animal feroz: una serpiente lista para atacar, un perro rabioso, un león salvaje, etcétera. El que sueña se siente a menudo perseguido, amenazado, incluso asaltado por su sombra. Entonces intenta, o bien huir y esconderse, o bien contraatacar. Tales sueños le indican que un aspecto importante de sí mismo, hasta entonces escondido, procura manifestarse. 

Los sueños en los que la sombra pasa al ataque —sobre todo si estos ataques son recurrentes— advierten al que sueña de la urgencia de tener en cuenta su lado oscuro, de hacerlo emerger a la conciencia para, finalmente, acogerlo como una parte integrante (le él mismo. Si las advertencias repetidas son ignoradas por el sujeto, éste se expone a toda clase de peligros: accidentes, enfermedades, depresión, dificultades en las relaciones, etcétera. 
Es importante estar bien dispuesto con respecto a la sombra, con el fin de reconocer su presencia y respetar sus mensajes. Esta actitud permitirá percibir las manifestaciones de la sombra, aunque sean evanescentes y furtivas. Esta es la razón por la que, por otra parte, algunos las consideran simples elucubraciones que no merecen que se les preste atención. 

Algunos ejemplos de sueños 

A guisa de ilustración, he aquí algunos sueños que ponen en escena a personajes típicos de la sombra. Os proporcionarán una ocasión de aprender a trabajar la parte oscura de vuestro ser. 

Mi hermano, mi sombra 

La aparición frecuente en mis sueños de mi hermano Marc me indicaba la presencia actuante de mi sombra. Esta última me perseguía a menudo, procurando atacarme, batirme o hacerme caer. Durante uno de estos sueños, que he calificado de «premonitorios», mi hermano me perseguía en coche a toda marcha. Para evitar que inc atropellase, me elevé por los aires a unos treinta metros. Al despertarme, tuve la sensación de que estaba suspendido en el aire. Algunos días más tarde, tuve un grave accidente de coche. Cuando me encontré tendido sobre el suelo del coche, indemne pero cubierto de minúsculos pedazos de vidrio, oí una voz que me dijo: «Por fin has aterrizado sin matarte!». En adelante, cada vez que mi hermano se me aparecía en un sueño, prestaba una atención particular al mensaje que me enviaba, porque estaba cada vez más convencido de que mi sombra sabía más que yo sobre el desarrollo de mi vida. En dos ocasiones me advirtió de posibles peligros que, no obstante, pude prevenir. 
Poco a poco, comprendí la razón de ser de este fenómeno. Durante mi infancia y mi adolescencia, no quise en modo alguno parecerme a mi hermano mayor. De ese modo creía escapar a la antipatía que mi padre le profesaba y, al mismo tiempo, movilizar para mí solo el afecto y la confianza paternales. Así, para evitar ser como él, tuve que desarrollar en mí rasgos de carácter totalmente opuestos a los suyos. Debo añadir que, desde que me reconcilié con él antes de su muerte, ya nunca más soñé con él. 

El encuentro de la cobra 

En otro sueño, me vi acorralado por una cobra que se disponía a morderme. Me desperté sobresaltado, todavía temblando de miedo. Enseguida anoté este sueño en un cuadernillo, antes de que se borrase de mi memoria. Después, durante un ensueño en que estaba despierto, le pregunté a la cobra por qué motivo quería atacarme. Me respondió de golpe: «Quiero destruirte porque eres demasiado pacífico, no eres bastante combativo». Comprendí rápidamente su mensaje, que estaba en relación con situaciones penosas de las que no lograba salir. Propuse entonces a la cobra la siguiente negociación: yo le cedería mi espíritu pacífico a cambio de su combatividad. Este intercambio me resultó provechoso. Poco después, sentí en mí la energía y el coraje necesarios para superar mis dificultades y librarme del agotamiento profesional que me acechaba. 

La bruja que ayuda 
He aquí otro sueño que ilustra perfectamente la sabiduría de la sombra. Una religiosa me pidió una entrevista. Había recibido la orden de abandonar la obra que ella había fundado. Había tenido que dejar un empleo que le importaba mucho y al que había consagrado veinte años de su vida. De naturaleza sumisa, creía haber aceptado bien la decisión de su superiora, y parecía restar importancia a la profunda decepción causada por este brusco cambio en su vida. 
Durante la entrevista, me contó un sueño que la había intrigado intensamente. Se encontraba en un centro comercial en compañía de otras religiosas. Al descender por una escalera automática, percibió, ahajo, una forma negra que se movía. Esta forma se iba precisando poco a poco, y reconoció los rasgos de una bruja. Un gran temor la sobrecogió. Al llegar al fondo de la escalera, descubrió un vestido negro tendido en el suelo. Al inclinarse para recogerlo, se dio… cuenta, estupefacta, de que era la túnica de la bruja. Retrocediendo espantada, dejó caer la prenda. Después se fue para juntarse con sus compañeras, que, al parecer, no habían percibido nada. 
Cuando despertó, sintió que había soñado algo significativo para ella, pero no conseguía interpretarlo. Durante nuestra entrevista, la invité a «volver a representar» su sueño. A pesar (le su repugnancia, aceptó desempeñar el papel de la bruja. Sintió crecer dentro de sí una gran cólera. Se animó, volviéndose desbordante de energía. Le aconsejé que prosiguiera su identificación con la bruja simulando revestirse de la túnica que había recibido de ella. Para su asombro, constató que la túnica le iba muy bien y que se sentía muy cómoda. La metamorfosis que había consentido experimentar la había puesto en contacto con su cólera rechazada y, al mismo tiempo, con su fuerza interior. No cabe duda de que el ejercicio consistente en rehacer su sueño en estado de vigilia para completarlo le ahorró una posible depresión. 
Muchas veces he podido observar que la sombra que se presenta en los sueños con los rasgos de un enemigo se transforma luego en una preciosa aliada. Para que sea así, hace falta tener el coraje de aceptar encontrarla, escucharla, reconciliarse con ella y, finalmente, hacer de ella una amiga. 

Él acepta por fin su tendencia homosexual 
Una sombra que irrumpe en un sueño está lejos de tener una forma fija. Puede cambiar de un sueño a otro. Por eso, gracias a un examen continuado de los sueños, llega a ser posible detectar la evolución de las relaciones con la sombra. La historia de un joven que tenía una fuerte tendencia homosexual lo demuestra perfectamente. Este aceptaba tan 
POCO su orientación homosexual que se detestaba a sí mismo. Esta actitud de rechazo se reflejaba en sus sueños, en los que se veía apaleando a un hombre joven que le hacía proposiciones sexuales. Gracias a una terapia, aprendió poco a poco a aceptar su lado homosexual: más aún, aprendió incluso a apreciar su lado femenino y delicado. Más tarde, tuvo un sueño en el que, lejos de maltratar al hombre joven, asentía a sus proposiciones amorosas. Este sueño manifestaba que mi cliente se había reconciliado con su tendencia homosexual. 

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[ 2 ]. . M.-L. von FIAz, Reflers de / &ie, ÉditionsEntrelacs, Orsay 1992, p. 15 
[ 3 ]. M.-L. von Franz, op. cit..p. 39 
[ 4 ]. Mateo 5,43-44. 
[ 5 ]. Lucas 6,41-43. 
[ 6 ]. Juan 8,7

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